Creciendo en nuestro ser de mujeres


Los días 24 y 25 de noviembre un grupo de Siervas de san José hemos respondido a la invitación que nos hacía la Comisión MUJER, para tratar un tema tan divino y tan humano como el de ser mujer. Una doble intención nos acompañaba y se ha cumplido: encontrarnos nosotras para gozarnos de cómo va creciendo nuestra feminidad y descubrir, con personas que tienen su andadura, las esperanzas y gozos de tantas mujeres, conocidas o anónimas, que luchan por ser ellas mismas. 


Elisa García Mingo, que nos ha acompañado la mañana del sábado, ha descubierto nuestra afinidad carismática por la mujer, a través de la web, y ella lo ha gozado. 

“Ser Sierva de san José es elegir vivir el evangelio junto a otras mujeres que desde hace más de un siglo se han empeñado en responder a un desafío que hoy tiene mucha fuerza: ser mujeres trabajadoras que luchan para que el trabajo sea un derecho para tod@s, que pueda realizarse con dignidad y justicia y especialmente para las mujeres, sin discriminación de género y en igualdad de condiciones”, nos recordaba … y con mirada de género. Una mirada que promueve la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito económico, laboral, político y social. 

Nos ha recordado que la mujer está discriminada, por razones de tipo cultural- a ella se le atribuye, en exclusiva, los cuidados que sostienen la vida-; laboral- tiene limitado el campo de profesiones, el salario y con frecuencia sufre el acoso; en la vida política- es muy reducida la presencia de la mujer en cargos directivos-. En la Iglesia nulos. 

Nos ha sorprendido con imágenes y con afirmaciones que, aunque procedentes de otras culturas, se van acercando a nosotras. Por ejemplo, el tercer sexo, además del masculino y femenino. 

Así nos ha colocado donde nosotras ya teníamos los ojos puestos, porque nuestra Congregación es feminista por sus miembros y por su dedicación. 

Por la tarde, una mesa redonda donde cada una de las integrantes que la formaban nos expuso su compromiso por la mujer. 

Elsa, de Taller de Solidaridad, nos presentó a través de un powerpoint, “Una mirada de África”, la realidad de la mujer africana: qué significa ser mujer en África, cuáles son las barreras a las que se enfrenta y el proyecto de la mujer en el Congo. El desarrollo de ese proyecto implica que la mujer adquiera una cultura y aprenda un oficio, para que piensen por ellas mismas y aprendan a comunicarse con el entorno en el que viven. 

Lula, que el único delito por el que ha sido encarcelada en el Perú fue la de tener el mismo nombre que otra que estaba buscada por la Interpol por tráfico de drogas. Allí, en la cárcel, conoció las condiciones infrahumanas en las que vivía la mujer y del resultado de esa experiencia escribió un libro: “Condenadas al silencio” e hizo su presentación en la cárcel de Asturias. Compartió con nosotras lo vivido en 13 días. 

Rafaela Pimentel, activista del ámbito del feminismo y el trabajo doméstico, ha sido galardonada con el premio Avanzadoras que conceden cada año la organización Oxfam Intermón y el diario 20minutos. 

Una mujer luchadora a favor de las trabajadoras del hogar en España y contra la discriminación de las mujeres de ese sector, tanto migrantes como no migrantes 

Todas ellas trabajan por empoderar a la mujer. Esta es también nuestra tarea. Se trata de que reconozca su valor y lo defienda. Que no acepte resignada, fruto de una cultura, un modo de comportamiento que nada tiene de humildad sino de sumisión. Las diferencias despiertan violencia y lo que no se consigue de forma natural es necesario luchar para romper la barrera. 

Nosotras también estamos empeñadas en lograr unas condiciones de igualdad que nos liberen. Conscientes de que es una tarea por lograr y en la medida que las distancias se van acortando nos sorprendemos empoderadas. Nos da la libertad de expresarnos, los ojos limpios para descubrir fuerzas ocultas de poder, las palabras que hacen tambalear las sin razones, los recursos de reencuentro en condiciones diferentes y la capacidad de denunciar la ofensa y perdonar. 

La igualdad la alcanzó Bonifacia con las hermanas y con las acogidas. Ella nos recuerda a nosotras, “iguales somos a los ojos de Dios”. 

San José, que inspiró a nuestra Fundadora la forma de trato en el taller, ponga en nosotras la mirada que iguala siempre a las personas y nos coloca en los talleres del mundo. En donde la mujer aprenda a ser ella y a solicitar ayuda. En donde se lucha por la igualdad de trato, de trabajos y de servicios a la sociedad. En donde nadie asuma el rol de poder. En donde no se despierte violencia por las diferencias y en donde todas y todos sean valorados por lo que son. 

Carmen Fernández Yáñez



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